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Lidia Ortez Ángel, una mujer de 65 años, refleja la realidad que viven miles de salvadoreños en un entorno caracterizado por la incertidumbre económica. En Soyapango, uno de los pueblos más poblados de El Salvador, Lidia sobrevive gracias a la generosidad de sus vecinos y vendiendo ropa y zapatos usados. "Aunque sean dos coras (25 centavos), lo venderé y comeré con él", dice, sosteniendo su billetera vacía. Su vida diaria es una lucha constante contra el hambre y las limitaciones físicas que le impiden realizar las tareas que antes la sustentaban. La historia de Lidia no es única. Frente a…




