Este calor que abrasa, resucita demonios, desprende odioso alivio nocturno a un ataque intolerable llamado insomnio, me hace comprender esa barbarie surrealista que relataba el gran Albert Camus al comienzo de su novela. El extraño: “Mate en la playa de Orán a un hombre que no conocía porque tenía calor”. Peor en los lugares, los ancianos, los deprimidos crónicos, los pobres, cuando el sol se llena y el frío y las nieves del pasado desiertan hasta el invierno. ¿Cómo entra este tiempo angustioso en la tercera edad, eso que no sabes, no puedes evitar querer estar todo el día drogado…